Las barcas volvieron a su cauce
Al igual que
el año pasado, la llamada popular a "Bajar el Ebro en Barca" nos sorprendió a
principios de Julio, a modo de carteles anónimos que inundaban nuestro pueblo. Sin embargo esta
vez, y a diferencia de entonces, quizás no hubiera sido necesario: El recuerdo permanecía
demasiado fresco, las risas de aquél día aún se dejaban oír... y alguna de aquellas barcas
ya comenzaban a exigir a gritos una segunda oportunidad.
Quizás no eran las mejores fechas para fletar un barco (las fiestas están a la vuelta de la esquina,
y casi todos los clavos del pueblo están ya clavados en las Carrozas), pero la gente respondió
a la llamada: Si el año pasado fueron 7 las cuadrillas que recuperaron esta tradición, este
año hubo quien contó hasta 17 en frente de la Báscula.
La Bajada en Barcas pasaba de estar
recuperada... a estar absolutamente consolidada.
Sin duda, ya podemos decir que lo del año pasado no fue una simple venada de unos cuantos
locos rinconeros, de esos que muchas veces solo respondemos al embite de '¿a qué no hay...
flejes para hacerte una barca con palés y venirte p'al Ebro? Este año hemos visto que se
trata de algo más: de una cita que muchos esperamos como el agua de Mayo (en Agosto), y que en
los calendarios rinconeros ya debiera venir marcada en rojo.
Sin embargo, el Ebro respondió intimidado a la llamada, y es que seguramente no recordaba tanta
afluencia del pueblo rinconero a su cauce. Ni los siluros
más antiguos, ni las piedras del nuevo puente, ni las malas-yerbas que ahora cubren la Playa de
las Sardinas (que aunque nunca fue "playa", ahora la tenemos convertida en selva) habían
visto algo parecido: centenares de rinconeros se agolpaban en su ribera, cabalgaban a caballo,
o se asomaban a la barandilla de su puente, esperando pacientes a que la marabunta de OFNIs (objetos
flotantes no identificados) llegaran a meta.
La travesía fue increíble: El Sol acompañó durante todo el trayecto, el ambiente era excelente,
el Sigüen no dejaba de echar fotos,
y el número de barcas hacía que se pudiera cruzar el Ebro a lo ancho sin necesidad de meter el
pie a remojo. Las había de todos los colores, materiales, y diseños.
Barcas pijas con toldo, y barcas con butacas para pasajeros en clase business; dirigidas con
timón o con cuadro de mandos; propulsadas a pedales, a golpe de remo... o como la nuestra, sin
propulsión alguna. Una imagen tan magnífica e impensable hace dos años... que solo podría ser
superada el próximo año por un pueblo como el de Rincón: ¿¿A que no tenéis los flejes que hay
que tener??
Tan increíble, tan mágico... que quizás por eso, el Ebro se cortó. Se limitó a observar,
sobrecogido, lo inusual de la estampa; llegó a soñar que los mejores tiempos -aquellos que
algunos recordamos a duras penas en blanco y negro, cuando las cámaras iban a carrete y en
el Ebro había carpas y barbos- podrían volver. Tal era su acongojo, que por sus paralizadas
venas apenas corría agua, y ésta, siquiera tenía fuerza.
Y no es de extrañar que el Ebro se acongojara: lo tenemos mal acostumbrado. Este río
que hace no mucho era imprescindible en la vida de todo rinconero, lo hemos convertido en un
simple vecino, lejano y desaliñado. Pero podemos aprovechar el tirón de esta ocasión para
recuperar no solo una tradición, sino también un río... el más caudaloso e importante de España.
Quizás si volvemos a sentirlo como NUESTRO comenzaremos a respetarlo de nuevo, y así las cervezas,
garrafas e incluso la barca que algunos dejaron en su orilla, dejarán de ser una anécdota de esta
edición para convertirse en una condena por parte de los demás en años venideros.
Si realmente queremos CONVERTIR ESTO EN UNA FIESTA PLENA, todavía hay muchas cosas que
podemos mejorar. Y nunca mejor que ahora, que la tinta con la que estamos escribiendo
las bases de nuestras tradiciones aún está fresca.
De momento se me ocurren varias cosas:
-
(como mucha gente sugirió) abrir los grifos mucho antes para que el Ebro lleve más agua, al
menos como el año pasado. Y si me apuráis, hasta podríamos ir el día de antes para
quitarle las puntas a las piedras más agudas.
-
Intentar no sacar los remolques a la variante, y hacernos hueco (aunque sea tirando de azadilla)
hasta la Recueja por algún camino rinconero.
-
Ahorrarnos la escena recurrente de la báscula: La mayoría nos las hemos arreglado para hacer
nuestras barcas con material encontrado o prestado.
-
Felicitar la labor de Protección Civil, "apatruyando la regata", remolcando barcas, e incluso
ayudando a limpiar el río.
-
También reconocer el acierto de contar con la presencia de una ambulancia. Y más aún, el
poder devolverla sin haberla usado.
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