Comida de la Juventud 2008
Al mal tiempo, buena OJERA
La Juventud que come unida...
Antes de las Ferias, en Rincón hay algo llamado
Semana de la Juventud. Han tenido que pasar
algunos años... pero menos mal que en Rincón somos
mucho listos, y
alguna joven
se preguntó un día... '
¿Por qué la llamamos Semana de la Juventud, si no es más que un fin de semana en el que se sale por la
noche... . Supongo que no se contestó a sí misma (eso dicen que es de locos... o de genios), y en su lugar lo preguntó en
voz alta, delante de algunas amigas, y sugirió...
¿Y si hacemos una comida popular todos los jóvenes del pueblo?
La empresa parecía más bien difícil. Solo faltaban dos semanas para el día y nada había organizado... pero a la llamada
de
juntarnos en la ludoteca SOLO aquéllos que estén dispuestos a colaborar hasta el final acudieron más de 20 personas.
De allá salimos con unas cuantas ideas y con la convicción de que todo iba a salir adelante. La misión estaba clara (organizar
lo inorganizable), y así surgió nuestro uniforme (al igual que el nombre, de una idea peregrina, esta vez de
Andrés Galán): "Si a Vietnam enviaron un ejército de
boinas verdes, Mussolini
dominó Italia a base de
camisas negras... las escuelas de Rincón se llenarían aquél día de una tropa de
chalecos
fosforitos".
Finalmente, el
Comando OJERA (como todos sabeís... o deberíais ya saber a estas alturas:
Organización
Juvenil
Eeeeeeeeeh... de
Rinconeros
Asociados)
quedó constituido por... ni sé cuántos integrantes, pero con unas ganas inmensas de preparar algo grande. Quizás eso fue
lo bueno: que tampoco estaba bien claro quiénes eran organizadores y quienes no. Había un grupito de más de 20 personas que
estuvieron desde el principio metidos en el ajo, otros tantos que siempre ofrecieron su mano por si hiciera falta, todas las
cuadrillas del pueblo mostraron su interés por juntarnos aquel día... (con la excusa de una comida o la del aniversario de la
encementación del Razuelo -
¡el motivo daba igual!). Pero todos queríamos hacer algo juntos. Todos conocimos tiempos
(o habíamos oído de ellos) en que la juventud de Rincón era tan activa que organizaba comidas, conciertos, salidas... tiempos en
los que el único motivo de reunión para echar unas risas no era solo la noche. Y todos queríamos y creíamos que eso podía volver
a ser posible.
No están todos los que son, pero sí todos los que están. Me da miedo dejarme a gente, pero no sería justo no nombrar
a
Teresa y
Cristina (caídas en el combate, jeje),
María y
Sara (un tercio de la media docena),
Juanma y
Jesús (que estaban
defendiendo al River, con la misma suerte que nosotros),
Bravillo (en su representación
está el lechón que compró), el
Ina (que se encargó del tiempo y del lanzamiento de barquilla)...
Y así, una idea recuperada por una joven pero comprometida cabeza...
...que por primera vez tomó pareció ser posible en la cena de cuadrilla...
...y se comentó como un puntazo ante la Comisión de Festejos,
...que escuché por primera vez entre cafés de sobremesa en Totem...
...y sacamos de paseo por internet como quien no quiere la cosa,
...pero la difundisteis eficazmente a la vieja usanza rinconera (mediante el grito-a-grito, digo... el boca-a-boca)...
...y se consolidó aquel viernes de alboroto en la Ludoteca.
Y que tras haber tomado forma definitiva entre el Centro Joven y los 50 mensajes colectivos (con más risas que propuestas) que el Comando Ojera envió durante la última semana...
...
por fin vio la luz (aunque nosotros no, por tanto nubarrón como había)
el sábado 19 en el frontón de nuestras escuelas.
Porque así lo quisimos TODOS.
Y es que si la Armada Invencible hubiera estado formada por rinconeros, aquella flota de barcos que se lanzaron al mar hubiera
conquistado Inglaterra.
Ni tormentas ni leches. Hemos venido a conquistar Inglaterra, y sus vais cagar, se hubiera oído.
Quizás aún no sea demasiado tarde, y el día de Santiago,
si retomamos la bajada en barcas por el Ebro, igual re-escribimos
la historia, jeje.
(perdonad... pero igual me he crecido un poquito en el anterior párrafo).
El día salió más chungo que un magnum de arena, pero
no ya tenía sentido pasarlo entre lamentos: Eso no hubiera solucionado nada.
La actitud de los que íbamos llegando era otra bien distinta -la que debería acompañar a todo joven que se precie:
¿QUE HACE MAL
TIEMPO? PUES HOY NOS DIVERTIRNOS, Y MAÑANA YA TIRAREMOS DE CLEANEX E IBUPROFENOS. Por supuesto que hubo quien decidió irse
a comer a su cuarto (para que no les saliera la paella
con más aguada que una mañana en el Vadillo, por estar con chiquillos,
o simplemente porque se habían dejado la piragua en casa). Pero incluso quien finalmente se fue a sus cuartos, se pasó por allá para
disculparse (¡¡que no hacía falta, hombre!!) y se iban con rabia. Lo enorme es que fueron más los que decidieron quedarse, contra
viento y marea (literalmente), y así no solo comer en cuadrilla, sino en cuadrillas.
Allá estaba el
Iván (el del Totem), que hasta hacía 2 horas te había estado sirviendo cubatas
en su bar, y que durante las últimas semanas nos estuvo ayudando como el que más con el tema de la música y las barras. Allá fue el
Andrés (de la Cantina), que se había comprometido a facilitarnos vasos y todo lo que hiciera
falta. Allá estaba la brigada del Ayuntamiento (los que cobraban nómina y los que no -que los distinguiríais por su amarillo chillón-),
convirtiendo un frontón en algo parecido a una boda gitana. Allí estaba el
Galo, que una vez me
ha demostrado que
por hacer cosas por su pueblo, hay gente capaz de perder un riñón pero nunca perder la sonrisa (¡GRACIAS, CARLOS!).
Allá estaban un grupo de veintimuchos chalecos que no cesaron de organizar durante todo el día, estaba una cuadrilla a la que no me hizo
falta pedir
ayuda para cuando ellos ya me la habían cedido, y más de 200 jóvenes rinconeros que madrugaron, ayudaron, recogieron,
rieron, bebieron (aunque de eso no quedara constancia en el
bote, jugaron y, lo más importante, demostraron que
todo aquello SÍ
QUE TENÍA SENTIDO. Por tanto, si el tiempo y las autoridades locales lo permiten, esta comida de la juventud (y todo cuanto queramos)
lo volveremos a celebrar mientras sigamos demostrando ser jóvenes.
Jugando que es gerundio
Mientras esperábamos al Kite, y éste esperaba una buena soga, nuestra
joven speaker (en cuanto
descubrió el mecanismo del micrófono) se erigió en animadora de la fiesta y brillantemente sugirió:
'¡JUGUEMOS A LAS SILLAS!'.
Y a
las sillas jugamos. Al ritmo que marcaba DJ Mocho, uno a uno fueron los culos que iban quedando sin asiento. La tensión se
mascaba en el ambiente.... hasta que llegó la final.
David (del Kite Team) versus
Silvana (del Tabarra's Sillas Club), el veterano perro viejo contra la joven promesa de las
sillas rinconera. Finalmente -y no entraré a discutir si hubo tongo
simplemente porque su primo Miguel era el encargado de hacer
los
cortes con la música- ganó ella. Lo que no estoy seguro es de si aún estamos a tiempo de apuntarle para las Olimpiadas de
Pekín en esta disciplina...
Luego vino el
campeonato de SogaTira. Tuvimos que esperar al Kite durante un buen rato (qué pena que no estuvieron en el frontón,
ya que con su presencia las
las fotos hubieran mostrado muchos menos
huecos), pero finalmente hicieron acto de presencia.
Venían con todo el material (soga - que tuvo que ser cambiada, hoja para el cuadrante -se nota que han preparado muchos campeonatos,
aunque sea a la Play...-, y estómagos bien satisfechos).
Finalmente fueron 8 los equipos inscritos, y aunque no quedó claro cuántos tenían que tirar por cada equipo, si los equipos de chicas
debían tener ventaja, porqué la Ratonera fue perjudicada claramente por los jueces, ni nadie enteró porqué el Puchu se apuntaba en todas
las tandas con el equipo que le venía en gana...
llegó la final: 5 vicios y tropecientas tabarras. El Vicio no solo
saboreó la gloria por haber ganado este concurso, sino que además disfrutarán del estuche de 3 botellas de vino con que El Kite les obsequió
por el triunfo.
Y aún habrá quien diga que la juventud viene tirando fuerte, pero a tenor de los resultados... queda claro que se tiró más
(o al menos con más fuerza) en otros tiempos.
La
carrera de sacos tuvo más participantes que cualquier otro concurso. Bajo el patrocinio de
Viveros Foro, proveedor oficial
de los sacos (que en su mayor parte fueron utilizados como bolsas de basura), se realizaron 3 tandas con los 5 sacos que se libraron de
morir en el basurero.
Codazos, caídas y salidas nulas fueron tónica habitual en las semifinales -y no era para menos: una final a tres estaba al alcance
de nuestras... narices. Ésta, finalmente, reunió a 2
revolucionarios (
Puchu y
Pini) y por la calle del medio, el
panadero de la Peñita.
La victoria fue para el Pini, que como vencedor se 'autocoronó' poniéndose el saco que le llevó a la gloria a modo de faja. Con ello, una
vez más quedó demostrado lo que siempre ha dicho el refranero de Rincón:
Ganador a lo del saco, glamour de amoniaco
Sin embargo, la guinda al pastel de aquella tarde, en cuanto a juegos se refiere, iba a ser la
suelta de gorrín engrasado. La ganadería
escogida fue Peña's, la más prestigiosa de la localidad. Los organizadores de la prueba, Sergio y Bravo, no dejaron nada en el aire para que
en aquella ocasión todo fuera sobre ruedas... si algo se dejaron, fue la bravura del cerdo en casa (pero al menos, de grasa y kilos, el
animal iba servido). Así, cuando todos esperábamos que saliera escopeteado al abrir el cajon, el cuto salió con toda su pachorra engrasada,
nos miró, bostezó, se dio la vuelta, y se volvió a meter en el cajón. Al final, como todas las grandes faenas (y esta fue de las más grandes
que recuerdo) ésta acabó con un animal indultado. Al menos, durante aquella tarde... porque hay rumores de que el Puntazo se dio un festín a
costa del pobre gorrín.
Cuando ya todas los juegos competitivos tocaban a su fin, fue momento de jugar con la nostalgia. Era el momento de tirar el hinque (menos mal
que alguien se dio cuenta de que se iba a rayar el suelo del frontón), a las chapas (aunque alguno la estuvo dando durante toda la tarde), al
ring-sprint... pero todos querían jugar a lo mismo. Todos pedían a gritos ese deporte (llámalo juego, llámalo forma de vida) que Teresa había
propuesto como campeonato (el I Campeonato del Quemado posiblemente del mundo), pero que ante el masivo interés de la gente, se convirtió en
juego de exhibición. Así todos los interesados pudimos jugar, mezclados entre cuadrillas. Y los profesionales del juego habrán de esperar a
futuras ediciones.
El balón oficial del torneo fue un "Promotion Plastic Ball", ilustrado con las caras de Epi y Blas (como mandan los cánones de la FIQ - Federación
Internacional del Quemado). Las reglas tampoco estaban demasiado claras, y es que no sabíamos si nos regíamos por las normas QUE-CA (Quemado Callejero)
o por el estándar QUEPACO (Quemado en el Patio del Colegio). Llamo a la atención de las organizadoras para que en próximas ediciones del torneo se
documenten con el nuevo reglamento vigente. Y lanzo la pregunta al pueblo, que al fin y al cabo es el que más sabe:
¿Se vale matar a alguien
una vez el balón ha botado, o hay que darle sin que dé bote?
Desgraciadamente, no pudimos disfrutar de los juegos de la Parrilla, como todos hubiéramos querido. En todo momento mostraron su interés, y allá se
presentaron, con el material y la disposición a nuestro alcance. Pero el tiempo hizo que no dispusiéramos del espacio suficiente para celebrarlos
aquella tarde. Habrá más ocasiones, estamos seguros.
Y como estamos en año olímpico, en los juegos no hay vencedores ni vencidos... aunque sí ganadores y humillados, y como el simple acto de aguantar
allá con semejante frío ya convirtió vuestra presencia en una gesta, me vuelvo a repetir más que la canción del Chiquilicuatre y acabo:
La que
realmente salio vencedora aquella tarde fue la salud de la Juventud Rinconera. La pelota sigue en nuestro tejado - si la queremos mantener.
Enlaces dentro de esta Web...
-
Galería de Fotos.
Galería con todas las fotografías recopiladas (tendrás que tener un poquito de paciencia hasta
que se carguen todas, para poder verlas una a una pinchando sobre ellas).
-
Semana de la Juventud.
Pequeña historia de esta tradición en el folclore rinconero.