Durante los últimos días son muchas las portadas de periódicos y cabeceras de telediarios
que hablan, por uno u otro motivo, de un chico alto, muy guapete él, con una calidad
indiscutible y, sobre todo, con apellidos rinconeros:
Fernando Llorente Torres.
En apenas 10 días, ha copado titulares por sus goles en la Copa del Rey, por
dar una bocanada de aire fresco a la difícil situación del Athletic
y, sobre todo, por su
convocatoria por parte de Vicente del Bosque a la Selección Nacional Absoluta
-que no olvidemos, es la actual Campeona de Europa.
Días en que el Fernando ha estado en boca de todos: prensa especializada, aficionados andaluces,
hinchas bilbaínos, fans quinceañeras... Hoy, 19 de Noviembre de 2008, un vecino nuestro tocará
techo y verá cumplido su sueño (nuestro sueño) de jugar con la selección española. Pero su
trayectoria va mucho más allá de estos últimos 3 años saliendo en la Guía Marca por ser jugador
de Primera División,
y es por eso que desde esta web le queremos rendir un pequeño tributo a
nuestro gran embajador rinconero.
Desde muy joven
Muy pronto, con 12 años, se lo llevaron
a la ciudad para hacerle el gran futbolista que
hoy es. Pero para entonces, nuestras patadas ya le habían hecho aprender el oficio, y
sobre todo, la Isabel y el Fernando ya habían tenido tiempo de sobra para convertirlo en
lo único que destaca por encima de sus cualidades como deportista: las que tiene como
persona.
Aún a día de hoy, todavía a pasado más parte de su vida en Rincón que en Bilbao, pero fue
allá donde ha vivido toda su juventud (y gran parte de su niñez) luchando y sacrificando
TODO por un sueño.
Un enorme sacrificio que requería curtir sus piernas por Lezama, en lugar de hacerlo por
la Avenida de la Rioja persiguiendo los tractores camino de la báscula. Que hizo que gran
parte de los besos que le lanzó
la Isabel toparan con la pantalla del televisor. Pero que también hizo disfrutar a su tío a
base de goles, con la bufanda del Athletic al cuello, como poca gente podría haberle hecho
nunca gozar.
Tal sacrificio tenía un único objetivo, compartido por tantos niños durante generaciones:
que fueran otros los que jalearan los goles que entonces ellos cantaban.
Por más que grande que fuera el sacrificio, nunca habría de bajar la cabeza.
Por más duras que fueran las trabas, confiaría en la suerte y seguiría trabajando.
Unas veces era
el talento lo que actuó de filtro entre los buenos y los elegidos.
Cuando la edad de un niño no alcanzaba a entender de
selecciones ni de
filtros,
era el elitista mundo del fútbol el que les aleccionaba con dosis de realismo.
Y al que andaba sobrado de talento, algo más cruel (de lo que ni siquiera entendemos los
mayores) decidía por ellos quién llegaría y quién no: La ausencia de suerte (o presencia
de lesiones) también daría su visto bueno a Fernando, y le permitió seguir creciendo.
Afortunadamente, este tipo de vida no solo sirve para fabricar futbolistas,
sino también
para curtir personas. Quienes quedan por el camino o alcanzan metas también lejanas
(aunque no mediáticas) también adquieren una base tan grande que quedan convertidos en
personas de champions. Y sé de lo que hablo.
Y de quien hablo.
Así, con un poco suerte y un mucho de talento, pero sobre todo con pozales de sacrificio,
disciplina y tesón, el hijo del matarife y la librera, ese chiquito que aprendió a jugar
al primi en el mismo frontón que tú, se doctoró en la Catedral del fútbol. Se abrió paso
entre los más grandes,
acalló las voces más críticas,
y arrancó los aplausos y elogios de los menos pacientes.
Aunque no hacía falta ser adivino para saber que eso pasaría antes o después. Tan solo
hacía falta conocerlo, a él y a su familia: Tan solo hacía falta ser de Rincón de Soto.
Porque mientras al resto del país le cuesta pensar en Llorente sin la camiseta del
Athletic y el 9 a la espalda... tú lo recuerdas de cuando iba a la Piluchi a dar solfeo
contigo, de cómo te dolía que un crío 4 años menor que tú ya era más alto y te ganaba al
mundialito en las pistas rojas, de cuando le correteabas en su cochera entre cuernos
indultados del matadero y aquel columpio, o simplemente cuando asomaba su cabeza por
el mostrador cuando ibas a la
Libería del Conrao a comprar rotuladores Carioca.
Porque esta noche, cuando le veamos con el escudo de España en el pecho, seremos pocos más de
3.000 los que estaremos portando la camiseta roja, 3.000 los que nos lamentaremos con
cada pase que falle, a los que nos palpitará con más fuerza el corazón cuando suene el
himno-sin-letra, y los que nos cagaremos en el seleccionador conforme vayan pasando los
minutos y no saque a nuestro Fernando.
Porque para nosotros también será
el partido de nuestra vida, aunque no nos vistamos de
corto.
Porque solo nosotros no nos acostumbraremos NUNCA a llamarle Llorente.
Lo sentimos tan nuestro, que se nos endulzan los oídos cuando le oímos por la radio:
Sí,
nací en Pamplona, pero soy de Rincón de Soto. Tanto monta, monta tanto... el hijo de la
Isabel y del Fernando.
Viaje a Bilbao
Ya estamos moviendo hilos para que todos los rinconeros que lo deseen podamos ir en
autobús para ver al hijo del Conrado en su habitat, siendo el líder de la histórica
manada de leones de San Mamés. Si los bilbaínos presumen de ser la capital del mundo,
los rinconeros les demostraremos que nosotros aún somos más chulos, y ese día tomaremos
Bilbao. Porque un rinconero es más importante que su alcalde.
En esta misma web
iremos avisando de cómo puedes apuntarte al viaje
si estás interesado.