Otro nuevo año acababa, y con él, cerraríamos con una nueva edición de la San Silvestre
rinconera. El 31 de Diciembre de aquel año (el más caluroso del siglo... hasta que llegue
el siguiente) amaneció con Sol. Las condiciones, idóneas para mostrar pantorrilla por la
Avenida. Yo me di de baja por lesión (sobrecarga decía el informe médico, exceso de juerga
dicen los que estuvieron la noche anterior conmigo). Pero el ambiente era igual de bonito
que otros años, y por tanto no podía falta allá, esta vez para animar.
El plantel de figuras de ese año (el vigente campeón
Gabriel, el vencedor
destronado
Juan Manuel, o
el incombustible
José Javier,
5º el año pasado) garantizaban el espectáculo de esa nueva edición.
Debo decir que fue duro el aguantar sin correr ese año, pero me tocó hacer la labor de reportero
gráfico, y la buena compañía de esa mañana consiguió que no me arrepintiera demasiado de no partipar.
La carrera de los más pequeños respondió a las espectativas. No sé si cada vez corren más chiquillos,
si cada vez gritan más las madres y abuelas, o qué sucederá... pero es una maravilla ver semejante
marabunta de pequeños corriendo en tropel, y sin saber bien por qué. Es genial. Uno de los principales
aciertos de la organización, el entregar medallas para todos, seguro que es una gran recompensa para todos
ellos, y suficiente motivación para esperar la edición del próximo año con las mismas ganas con las que
esperan el episodio de los Lunnis.
La carrera de los adultos se realizó a la vez que la de los juveniles. Dos vueltas a la Avenida de la Rioja
fueron suficientes para mostrar la superioridad (un año más) del Gabri, que ya lleva dos años consecutivos
venciendo, que el Juanma no solo vale para liderar la defensa del Ríver, y que el próximo año habrá que
hablar más de uno de los chavales que dio la sorpresa este año, Rubén Pardo, que estando apuntado en la
categoría inferior, llegó a meta en un más que meritorio tercer puesto.
Sucesivamente, fueron llegando todos a meta: José Javier, cuarto;
Santi, la baza del Kite, en quinta; y
en sexta, confirmando la progresión de los últimos años, el ratonero
Iván. El próximo año no le dejaré correr
solo; a ver si os
engañamos a más gente.